Una opera prima


Una opera prima

Palabras de Mercedes Santos Moray a propósito del lanzamiento del volumen Ópera Prima con textos teatrales de Jorge Alberto G. Fernández

Café Teatro Bertolt Brecht, La Habana, Cuba, Julio de 2005.

 

En los catálogos de las editoriales cubanas hay una zona todavía endeble y, lamentablemente, de escasos títulos. Me refiero a la literatura dramática, y esto no debe extrañar si consideramos que, entre nuestros Premios Nacionales de Literatura, máximo reconocimiento que se otorga a un escritor por la obra de la vida, sólo un dramaturgo lo ha recibido, el maestro Abelardo Estorino, también Premio Nacional de Teatro.

Muchas veces he escuchado a maestros y docentes, en general, la necesidad que tienen, en las escuelas secundarias y preuniversitarios, de contar con un repertorio teatral, y sé del afán de muchos escritores que producen para la escena, de verse no sólo representado en las tablas, sino publicado en letra impresa, para integrarse al también escuálido horizonte de nuestra literatura dramática, aunque en ese campo de la creación, encontremos tanto en el siglo XIX como en XX a algunas de las figuras cimeras de las letras cubanas de todos los tiempos, como por ejemplo, Gertrudis Gómez de Avellaneda y Virgilio Piñera.

Y es que el libro que se escribe dentro de este género, tiene una doble característica, el ser producto que sólo culmina en la escena, al tiempo que ha de gozar de las virtudes de otras funciones expresivas, como la lírica y la narrativa. Quizás por ahí se dificulte, y se presenten algunas de las causas de ese vacío editorial que, en verdad, no estimula a la creación.

Por eso, cuando recibimos la alegría de ver un cuaderno edito con obras teatrales de autor cubano, no podemos menos que sentir que se ha vencido muchos obstáculos, para abrirse un espacio en los siempre complejos, tensos y en demasía reducidos, por las dificultades en recursos entre otras razones, planes editoriales.

Opera prima es el nombre del volumen, publicado por Ediciones Extramuros de un joven teatrista, nacido en 1971, que aparece con una nota introductoria, a manera de prólogo, del dramaturgo Gerardo Fulleda León.

Tres piezas integran el cuaderno de Jorge Alberto G. Fernández: la última del conjunto, con el título de Un poco de buena suerte, escrita para dos personajes, un hombre y una mujer, en cualquier espacio de esta Humanidad contemporánea, se adentra en zonas tan universales como la esperanza y la soledad.

La Diva asume un tema muy transitado, el de una artista envejecida y reducida al silencio y, sobre todo, al más temible de los espacios para un creador y para cualquier ser humano, el del olvido. Con algunos referentes a personalidades concretas de la música cubana, como la gran soprano Margarita Díaz, y una dosis de ironía y ternura, el dramaturgo se vuelca con particular sensibilidad en ese mundo, en el que la existencia parece difuminarse.

Y, la primera que abre las páginas del genérico título de Opera prima, se monta sobre el escenario de nuestros días, como lo indica su propio nominativo: -Habana-New York- ¿Habana? , y a los problemas del extrañamiento que sienten muchos cubanos cuando abandonan la Isla, y los elementos de crítica que se desplazan a la urbe neoyorquina con pinceladas de sus miserias, el autor añade un elemento original al presentar la historia de una pareja gay, y lo hace sin caricaturas ni apologías, desde una lectura humana, en la que el transexual, ahora Victoria y ayer Víctor no necesita de edulcoraciones ni de dogmas, y la lectura complejiza, como la escritura, el panorama actual en un giro dramático que invita, entre risas y sonrisas, a reflexionar a lectores y también a los espectadores el día que suba a las tablas.

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